La depresión… no es sólo tristeza

Tendemos a identificar el concepto de depresión, la idea de la persona deprimida, con los sentimientos y la expresión de la tristeza; síntomas como el estado de ánimo depresivo, el llanto, el desinterés, la apatía… pero estos no son los únicos síntomas de los trastornos depresivos, la tristeza puede de hecho no ser uno de los síntomas principales de una persona deprimida.

Sí, por raro que nos pueda parecer, una persona deprimida puede no mostrarse triste, y sí irritable y frustrad@. En estos casos pueden ser frecuentes también las quejas somáticas, el mal humor, los dolores físicos… todo, como sustitución de la tristeza que solemos identificar con la depresión.

Cuando perdemos a alguien, nos entristecemos y también nos enfadamos

Como ejemplo pensemos en los casos de duelo, por el fallecimiento o la pérdida de una persona cercana, o incluso en las rupturas sentimentales; en esos casos es frecuente observar el enfado en las personas afectadas por esas pérdidas. Cuando fallece alguien cercano, en ocasiones hasta que se acepta la ausencia de esa persona, se experimenta enojo, rabia, que puede canalizarse hacia el médico que no curó al enfermo, el propio enfermo por no cuidarse, o uno mismo por no haber hecho más; o el conductor de un vehículo contrario si se trata por ejemplo de un accidente… En las separaciones, lo que durante muchos años fue amor, puede transformarse en odio y enfado ante la sensación de rechazo y pérdida de la pareja.

La depresión es sufrimiento

La depresión es, principalmente, sufrimiento, y este sentimiento crea una enorme distorsión y una sensación de caos tanto en el interior como en el entorno de la persona, sea cual sea la causa de ese sufrimiento. Esa distorsión puede llegar a dominar tanto la forma de sentir y reaccionar de la persona, que, a modo de defensa, ese sentimiento puede expresarse disfrazado de ira.

Tanto la tristeza como la irritabilidad son en sí emociones sanas, sirven, como tantos otros signos, para informarnos de que hay algo que nos puede estar perjudicando, y así movernos a la acción. Pero, si estas emociones llegan a afectar a nuestra vida de modo que deterioran nuestro ámbito personal, social, laboral… de forma significativa y durante un tiempo prolongado, entonces se consideran emociones que han pasado a ser patológicas.

Para hacernos una idea de lo que siente una persona deprimida (quien no lo haya vivido puede no entenderlo fácilmente), podemos describirlo como una sensación muy intensa de opresión, de llevar encima un peso enorme del que un@ no puede deshacerse; esto puede llevar a sentirse profundamente hundid@ y hasta frustrad@, sin fuerzas, torpe y sin ánimo de avanzar, incapaz de quitarse de encima ese peso.

Con la depresión se pierde la capacidad para alegrarse y sentir placer por las situaciones cotidianas de la vida. Se pierde la capacidad de hacer proyectos, de planificar… 

Pero como en tantas otras cosas, cada persona es un ser distinto, y puede tener formas distintas de expresión de lo que le ocurre y lo que vive, y de este modo, habrá quien exprese exteriormente estas vivencias con síntomas de tristeza y apatía, y habrá quien las refleje hacia el exterior de modo aparentemente contradictorio, con actitud de rebeldía y enfado. De hecho, la misma persona afectada, está viviendo en su interior una sensación de contradicción profundamente dolorosa.

La contradicción puede ser tan grande en estos casos, que lleva a que exteriormente parezca que la persona afectada es incapaz de recuperarse. En estos casos, por lo tanto, puede ser aún más fundamental si cabe, el papel de los allegados, familiares, amigos o personas cercanas, que se ven forzados a intentar no sentirse víctimas de la expresión airada del deprimido, reconocer lo que está pasando y prestarle su apoyo, hasta cierto punto pasivo, al menos en cuanto a la reacción ante su actitud.

La persona deprimida, en estos casos, en cierto modo se está volviendo contra si misma en una rebuscada petición de ayuda, que resulta autodestructiva, pero que es en el fondo una búsqueda desesperada de la salida a su dolor.

El que expresa su dolor como ira, también necesita ayuda.

Uno de los grandes riesgos de la irritabilidad en la depresión es que puede llevar a que la persona que así reacciona realice acciones muy negativas, sin dar importancia a las consecuencias, y esto puede ser devastador para su vida; además de mantener el círculo vicioso de depresión-ira-depresión en que se encuentra. Perder los estribos con facilidad, hacer comentarios desagradables, ser poco tolerante, impaciente, tener reacciones impropias, alejarse de los demás… Todo esto puede perjudicar mucho la vida de una persona, y pueden ser indicativo de que algo no está bien en su interior.

No obstante, es importante saber que, al igual que la tristeza por sí misma no implica que exista una depresión, igualmente la irritabilidad no es por si sola síntoma de depresión. La situación debe ser evaluada, y valorar qué otros síntomas se encuentran presentes, para considerar un diagnóstico de depresión; y esto, debe hacerlo un profesional de la salud mental.

¿Y tú, te ha ocurrido esto alguna vez, has sentido arranques de rabia inexplicables? ¿O, conoces a alguien que parece estar siempre irritado, y no sabes qué hacer para ayudarle? Cuéntamelo en los comentarios.

O si tienes alguna duda sobre algo que no haya mencionado en el post, o quieres que escriba sobre algún tema que te preocupa o interesa, déjamelo en los comentarios.


Ana de la Calle

Psicóloga apasionada por su profesión, quiero compartir mi experiencia con cualquiera que pueda necesitar de una orientación y apoyo en su vida para sentirse verdaderamente mejor.

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