¿Sabrías reconocer un ataque de pánico?

Seguro que has oído hablar de los ataques de pánico o crisis de ansiedad. A veces estos términos de hecho se utilizan un poco a la ligera. ¿Sabrías reconocer un ataque de pánico?

Imagina la siguiente situación, lo ocurrido a alguien que llamaremos Eva:

Eva salía un día de su casa, para ir a visitar a su padre, que estaba viviendo en una Residencia, y de repente, le ocurrió algo que nunca antes le había pasado. Iba andando por la calle, y repentinamente sintió un mareo, a continuación comenzó a tener la sensación de que le faltaba el aire y que el corazón le latía muy deprisa; sentía una opresión muy fuerte en el pecho que además parecía ir en aumento. Eva pensó que le debía estar dando un ataque al corazón, además, que estaba sola en la calle y nadie podría ayudarla, y que podría morir.

Eva estaba experimentando los síntomas de un ataque de pánico.

¿Qué es y por qué se puede llegar a sufrir un ataque de pánico?

En muchos casos, la primera vez que alguien sufre un ataque de pánico lo suele confundir con un problema de salud físico: infarto, ictus,… La sensación de descontrol del propio cuerpo es tal que un@ puede llegar a pensar que podría morir ahí mismo por los síntomas, lo que suele provocar que se acuda a los servicios de urgencias. Es allí donde después de comprobar que no existe causa física que justifique los síntomas, se determina que se ha experimentado una crisis de ansiedad o ataque de pánico.

La reacción de muchos pacientes ante ese diagnóstico suele ser de aún mayor desconcierto; una de las características de estos ataques de pánico es que suelen ser episodios aislados, parecen no estar relacionados con nada, ni siquiera se identifica normalmente con que justo antes uno se sintiera nervioso,  por lo que cuando por ejemplo en Urgencias nos dicen que hemos tenido un ataque de pánico, nuestra reacción es de confusión, llegamos a pensar que se están equivocando puesto relacionamos lo ocurrido con una situación cercana de nerviosismo.

Pero, aunque parezca que no hay relación, los ataques de pánico sí suelen estar relacionados con los distintos trastornos de ansiedad: estrés, fobias, miedos específicos…

En el caso de Eva, el que contaba en el ejemplo, ella podría interpretarlo como un hecho aislado, relacionado por tanto con un problema en el funcionamiento de su corazón; pero, profundizando un poco, podríamos encontrar que Eva está viviendo una situación bastante estresante. Su padre está viviendo en una Residencia por que es una persona muy mayor y enferma, y ella no puede encargarse de cuidarle en su casa, aunque durante un tiempo lo intentó. El hecho, por tanto de verle en la Residencia, aunque le facilita muchas cosas, le hace sentir una gran ansiedad, y le genera pensamientos de culpabilidad, al sentir que “le está abandonando”. Acude a la Residencia feliz, y con ganas de verle, pero sale siempre triste, preocupada por su estado de salud, dando vueltas a pensamientos de culpabilidad, de dudas sobre si sus decisiones son las correctas…

La ansiedad no está en la imaginación.

Mucha gente piensa que la ansiedad es una tontería, lo banalizan e interpretan que los síntomas son imaginarios, que se pueden sentir o no a voluntad; pero esto no es así.

La ansiedad es una reacción normal, con la que nos ha dotado la naturaleza, para ponernos a salvo cuando afrontamos algún peligro. La crisis de pánico es una reacción automática y refleja, que sirve para ayudarnos a sobrevivir, y qué se desencadena al percibir un peligro grave o inminente.

Lo que ocurre es que nuestro cerebro reacciona igual cuando percibe un peligro, ya sea este real o imaginario, es decir, la reacción se puede desencadenar tanto cuando el peligro existe y está frente a nosotros, como cuando el cerebro lo percibe porque lo estamos suponiendo, anticipando o recordando. Entonces, de manera automática, se pone en marcha el sistema de alarma, se activa una parte del sistema nervioso que provoca ciertos cambios fisiológicos que nos preparan para afrontar ese peligro.

Algunos de esos cambios son:

  • El cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, que son las que producen la sensación de inquietud.
  • Aumenta la frecuencia de los latidos del corazón, de modo que el aporte sanguíneo a los músculos sea mayor, resultando más fácil, si fuera necesario, atacar o huir.
  • Hiperventilamos, esto es, respiramos una mayor cantidad de aire y de forma más rápida, lo cual también prepara al cuerpo para la lucha o huida, al recibir mayor nivel de oxígeno en la sangre.
  • La sangre se concentra en ciertas zonas del cuerpo, donde puede ser necesaria ante las conductas de defensa, ataque o huída. Esto provoca que en otras zonas, como las manos, haya menos cantidad de sangre, de modo que se pueden producir sensaciones de hormigueo o temblores.
  • Las pupilas se dilatan, ayudando a que podamos detectar mejor cualquier cosa que pudiera entrañar peligro. Esta dilatación puede provocar también que percibamos las cosas de forma extraña.

Todos estos cambios (y otros que se producen) son muy útiles en caso de encontrarnos frente a un peligro real. Lo que ocurre es que si estos síntomas se dan sin que podamos identificar claramente cuál es la fuente de ese potencial peligro, bien por qué no está, o bien porque solo lo estamos anticipando, por ejemplo; en nuestro interior se produce una sensación de alarma mucho mayor que puede hacer que nuestro miedo aumente, y además se puede desencadenar una reacción circular: al pensar que estamos en peligro, se pone en marcha el sistema de alarma, lo cual desencadena las sensaciones internas que he descrito antes. Ese aumento de sensaciones, a su vez, nos hace pensar que en efecto está ocurriendo algo malo o peligroso, lo cual aumenta la ansiedad y por tanto, las sensaciones derivadas. 

¿Qué puedo hacer si sufro ataques de pánico?

¿Hay que conseguir entonces no poner en marcha ese sistema de alarma? No se trata de no reaccionar a las señales de peligro, se trata más bien de corregir aquellas situaciones en que nuestra respuesta de alarma se está dando ante estímulos que no necesariamente deberíamos interpretar como amenazantes. Para ello es fundamental aprender a no interpretar como señales amenazantes lo que son sensaciones internas normales cuando nos encontramos nerviosos.

Para conseguir llegar a esta solución, modificar nuestra interpretación de las situaciones y de las sensaciones internas que experimentamos, puede ser realmente útil la ayuda de un profesional de la psicología. Nos enseñará a romper el círculo vicioso de la ansiedad, a poner en práctica estrategias que nos ayuden a modificar nuestras reacciones ante muchas situaciones que pueden desencadenar ataques de pánico y sus consecuencias.

¿Y tú, has tenido alguna vez un ataque de pánico? ¿O has experimentado síntomas parecidos a los que te describo sin saber qué te estaba ocurriendo? Cuéntamelo en los comentarios.

O si tienes alguna duda sobre algo que no haya mencionado en el post, o quieres que escriba sobre algún tema que te preocupa o interesa, déjamelo en los comentarios.



Ana de la Calle

Psicóloga apasionada por su profesión, quiero compartir mi experiencia con cualquiera que pueda necesitar de una orientación y apoyo en su vida para sentirse verdaderamente mejor.

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